25 de ene. de 2015

Rusia (1812), el enemigo desconocido

Antes de iniciarse la campaña de Rusia (1812), buena parte de Europa estaba inmerso en la órbita francesa.

Tan sólo Inglaterra plantaba cara al dueño de Europa, y éste respondía con un estricto bloqueo comercial contra las islas.

Cuando el cerco afectó directamente a las finanzas rusas, los intereses nacionales del zar Alejandro I empezaron a entrar en pugna con los del Emperador galo.

Napoleón debía mantener intacto su prestigio. Sin medir las consecuencias de una guerra contra Rusia, Bonaparte quiso castigar la osadía de su antiguo aliado organizando una expedición militar sin precedentes.

Tenía clara la victoria, una victoria que facilitaría el triunfo definitivo sobre los arrogantes británicos. Lejos de su instinto natural, Napoleón cometió una serie de errores que determinaron la suerte de la campaña de Rusia.

Sus ansias de gloria le habían impedido vislumbrar el alcance real de los obstáculos. El desastre de aquel invierno de 1812 no fue consecuencia de las armas, sino de las circunstancias catastróficas que diezmaron a la Grande Armée.

Napoleón no quiso asumir su error, pero tras aquel tremendo golpe nada volvería a ser lo mismo. El fracaso en Rusia había frenado el vuelo del Águila.

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24 de ene. de 2015

San Petersburgo, el esplendor de los zares

En 1764, la emperatriz Catalina II adquirió 225 lienzos de maestros flamencos y holandeses para llenar una galería del flamante Palacio de Invierno, que acababa de convertirse en su nueva residencia en San Petersburgo.

El edificio regio había terminado de ser construido dos años antes, en 1762, según proyecto del arquitecto de origen italiano, Francesco Bartolomeo Rastrelli.

En 1775 se culminó la construcción de la primera ampliación del palacio, el llamado 'Pequeño Hermitage', que sirvió como auditorio y teatro y abrió nuevos espacios para colocar las más de 600 nuevas obras que habían pertenecido al conde sajón Heinrich von Brühl.

Había cuadros de Poussin, Rembrandt, Rubens, Watteau y muchos otros artistas de las escuelas francesa, alemana, italiana, flamenca y holandesa. Llegaron a la capital imperial rusa en 1769.

Las obras de arte pertenecientes a la emperatriz Josefina Bonaparte, la primera esposa de Napoleón, aparecieron en El Hermitage en 1815, tras el regreso de París de las tropas rusas.

El Palacio de Invierno sufrió un terrible incendio en 1837, pero se pudieron salvar a tiempo la mayoría de los cuadros y objetos, no así la decoración, el recubrimiento de las paredes y las lámparas de muchos de sus salones. Todo pudo ser restaurado en tan solo tres años.

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18 de ene. de 2015

'La derrota de Napoleón en Rusia' -P.-Paul de Ségur

"El reconocido diario del conde de Ségur sobre la campaña de Napoleón en Rusia no es un libro más sobre Bonaparte.

Es la principal fuente de miles de libros escolares, leyendas, sermones e ideas para aquellos que han fantaseado con la ambición de conquistar vastos territorios…

Ségur evoca de manera excepcional las primeras escenas de los desastres de la guerra. Fue un cronista de guerra comparable a Heródoto y Bernal Díaz del Castillo."
-Revista 'TIME'.

En el verano de 1812, Napoleón congregó a su imponente 'Grande Armée'. Más de 500.000 soldados se concentraron en las orillas del río Niemen. estaba a punto de emprender la más arriesgada de sus campañas: la invasión de Rusia.

Encontró resistencia sólo de manera esporádica y la superó con facilidad a lo largo del camino. El poderoso Ejército avanzaba sin dificultades hacia Moscú durante los agradables días del verano. El 14 de septiembre, Napoleón llegó a la capital rusa, anticipándose a la rendición del zar.

Al contrario de lo que pensaba, encontró una ciudad desierta y en silencio que su ejército procedió a saquear, y en octubre, sobre las ruinas de Moscú, con unas provisiones llevadas a su límite, y con el invierno ruso por delante, Napoleón no tuvo otra opción que retroceder. Uno de los grandes desastres militares de la Historia daba comienzo.

17 de ene. de 2015

Napoleón, derrotado, abandona Moscú (1812)

La campaña de 1812 sigue siendo el mayor desastre militar de Francia.

El emperador Napoleón condujo a su Grande Armée de 442.000 soldados a Rusia tras cruzar el Niemen el 24 de junio, pero apenas 100.000 de ellos sobrevivieron y pudieron entrar en Moscú el 15 de septiembre.

Estableció su cuartel general en el Kremlin y permaneció allí hasta el 19 de octubre, hace hoy 203 años, y luego inició su larga retirada hacia el oeste. Sólo 10.000 hombres volvieron a cruzar el Niemen a mediados de diciembre, lo que representaba unas bajas acumuladas del noventa y ocho por ciento en seis meses.

Como la nieve y las fuertes heladas eran totalmente predecibles en esa época del año, ¿por qué tardó Napoleón seis semanas en abandonar Moscú? En primer lugar, el duro clima ruso impide realizar una campaña antes de mediados de junio porque los invasores no pueden encontrar suficiente forraje para sus caballos.

Por esa misma razón, en 1941, el Ejército alemán ('Operación Barbarroja'), que dependía de los caballos para el transporte, no inició la invasión hasta el 22 de junio.

En segundo lugar, en 1812, al igual que en 1941, resultaba imposible ocultar la movilización de una fuerza invasora tan grande, por lo que el Gobierno ruso recibió de antemano información de sus servicios de inteligencia sobre dónde y cuándo se produciría el ataque.

Mientras que Stalin se negó a creer a sus espías, y así perdió un millón de soldados al principio de la campaña, el zar Alejandro había preparado una elaborada estrategia para atraer a los invasores hacia el interior.

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13 de ene. de 2015

'Esperando al rey' -José María Pérez Peridis

Valladolid, 1155.

Alfonso VII (1105-1157), el emperador, reúne a su corte para comunicar una decisión trascendental.

A su muerte, el reino quedará dividido: Sancho, su primogénito, reflexivo y débil, heredará Castilla, mientras que Fernando, su impulsivo hijo menor, ceñirá la corona de León.

Con este punto de partida, José María Pérez "Peridis", recrea amenísimamente en esta novela un medievo fascinante, protagonizado por reyes y nobles, leales y traidores. Y también por las mujeres que los acompañaban: Teresa, la prudente, la inclasificable Cecilia, la ingenua Estefanía, Raquel, la hermosa judía...

Y por las gentes del común: canteros, artesanos, religiosos, campesinos o comerciantes que mientras iban construyendo un reino para sus señores y para mayor gloria del Dios cristiano, fueron dejando memoria de sus anhelos y fatigas en la piedra de las iglesias y catedrales, a quienes el autor ha dedicado buena parte de su vida.