21 de dic. de 2014

La Navidad que Napoleón pasó en Tordesillas

Fue un crudo invierno aquel de 1808 que Napoleón Bonaparte pasó en España.

Dispuesto a hacer pagar con sangre la derrota de sus tropas en la Bailén (1808) y a enderezar la situación, el propio emperador había entrado en España con 90.000 hombres.

«Tras atravesar los pasos montañosos de Guadarrama, en medio de una gran borrasca de nieve, Napoleón y su ejército llegaron a Tordesillas (Valladolid). Era la mañana de Navidad del año 1808», relata el historiador Francisco José Gómez, 'Breve historia de la Navidad'.

El emperador se alojó en la hospedería que regentaban las madres clarisas al lado de su convento y en el locutorio del mismo las tropas francesas encerraron al cura de Tordesillas y otros dos españoles que habían sido sorprendidos espiando los movimientos franceses en la zona. Serían ejecutados.

Al conocer esta circunstancia, «la anciana abadesa y sus aterradas monjas se limitan a rezar: ¿qué otra cosa pueden hacer?», escribía Ramón Solís en su relato de los hechos.

Al término de aquella tarde de charla y café con la abadesa, Napoleón entrega a la monja una bolsa con mil monedas de oro -«un fortunón de la época», apunta el historiador burgalés- para su comunidad y le concede el privilegio de que nadie pueda asaltar el monasterio, ni a sus personas ni a sus tierras, así como el título de «abadesa-emperatriz».

María Manuela Rascón, agradecida, pide en cambio otra gracia: la libertad para los tres españoles que iban a ser ejecutados.

«Napoleón se la concede y a la mañana siguiente, cuando comienza la parada militar que anuncia la marcha de Bonaparte, hace ya tiempo que los presos han sido puestos en libertad», prosigue Gómez antes de concluir su relato de esta «otra tarde de Navidad en España, en plena guerra de la Independencia, presidida sin embargo por la acogida, la cordialidad y el perdón».

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14 de dic. de 2014

La Lotería Nacional, origen (1812)

A día de hoy son muy pocos los que -el 22 de diciembre- no aguardan ansiosos que los niños de San Ildefonso canten los números que se encuentran en el boleto que tienen frente a sí.

Este ritual navideño suele practicarse delante de la televisión, el ordenador o el móvil. Sin embargo, hubo una época en la que, para saber si te habías hecho multimillonario, era necesario esperar pacientemente a que los resultados del sorteo fueran publicados por la prensa un día después.

Para llegar hasta ese tiempo hay que retroceder hasta 1812, año en que nació en España la futura Lotería de Navidad, un invento realizado por los gobernantes para aumentar la recaudación del Estado y poder continuar luchando a sangre y fuego contra Napoleón Bonaparte.

Corría por entonces una época dura para nuestro país. Y es que los hispanos nos encontrábamos dándonos de fusilazos (o rastrillazos, en el caso de los que no eran militares) contra los galos comandados por el pequeño y molesto emperador galo.

La razón era sencilla, el franchute había decidido atravesar en 1808 los Pirineos para convertir nuestra España en su «Espagne».

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13 de dic. de 2014

'El siglo de Luis XIV' -Voltaire

Voltaire (1694-1778) decía que solamente cuatro siglos habían contado en la historia del mundo, cuatro edades que fueron verdaderas épocas de grandeza humana y sirvieron de ejemplo a la posteridad.

El primero de esos siglos fue el de Filipo y Alejandro, en Grecia; el segundo, el de César y Augusto, en Roma; el tercero, el de los Médicis, en Florencia. Pero de los cuatro, el que más se acercaba a la perfección -explica el autor- es el de Luis XIV (1638-1715).

Periodo brillante de la Historia política y militar de Francia y edad de oro de la literatura, la arquitectura y la filosofía, el llamado 'siglo de Luis XIV' significó también el gran auge de la razón humana y la alborada del movimiento humanista de la Ilustración.

Más que la narración imparcial y realista del reinado de Luis XIV, Voltaire escribió un elogio entusiasmado que hace evidente su admiración hacia el gran rey.

8 de dic. de 2014

La Guerra anglo-estadounidense (1812)

La Guerra de 1812 no tuvo ninguna de las tan aireadas causas "El comercio libre y los derechos de los marineros", "La segunda guerra de independencia norteamericana".

La segunda de estas razones da risa; al fin y al cabo fue Norteamérica quien declaró la guerra.

Sin duda, el separatismo de los Estados del Norte y la formación de la Convención de Hartford (1814), conferencia para discutir la secesión de estos Estados de la Unión, son directamente atribuibles al descenso en el comercio a causa del bloqueo británico.

Tan pronto como el Parlamento británico se dio cuenta de que los norteamericanos estaban dispuestos a ir a la guerra, se cancelaron las órdenes del Consejo que permitía a la Marina Real detener cualquier navío norteamericano en busca de estos desertores.

Así, los perros de caza del Congreso, dirigidos por Henry Clay y con la tácita aprobación del presidente Madison, pensaron que podían oler sangre. Estaban convencidos de que la toma de Canadá sería "cuestión de una simple marcha" y, antes de que las noticias de la cancelación de las órdenes del Consejo pudieran cruzar el Atlántico, declararon la guerra a Gran Bretaña.

6 de dic. de 2014

El ADN 'resucita' a Ricardo III de Inglaterra (1452-1485)

Sólo reinó durante poco más de dos años, pero la Historia y la Literatura han guardado multitud de detalles sobre Ricardo III (1452-1485).

Era un tipo delgado, de complexión pequeña, con un hombro más alto que otro y que murió cosido a espadazos y heridas de guerra que le produjeron la muerte en la Batalla de Bosworth (1485), cuando contaba 32 años de edad.

Los textos de la época describen que su cuerpo sin vida fue llevado y enterrado en la iglesia y convento medieval de Grey Friars, actual Leicester (Inglaterra). Durante siglos, los bulos sobre el paradero del monarca se sucedieron llevando a los historiadores a pensar que su cadáver fue arrojado al río Soar por una multitud enfurecida.

Ricardo III fue el último rey inglés en morir en batalla y uno de los pocos cuya localización exacta de sus restos era desconocida. Su turbulento ascenso al trono en 1483, tras la muerte de su hermano Eduardo IV, ha engrandecido al personaje en la Historia y en los escenarios.

Su muerte, tan sólo dos años después de su llegada al trono, supuso el final de la Casa de Plantagenet -posteriormente conocida como Casa de York- tras 300 años de reinado. Y con ella dio comienzo el periodo de reinado de los Tudor, con Enrique VII como primer monarca tras ganar la Guerra de las Dos Rosas (1455-1487).

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